sábado, 6 de septiembre de 2008

Black el payaso


El lunes me voy de vacaciones a Malaga... que falta me hace ya ! asi que en una semana y poco , no volvere a actualizar... y hoy quiero poner Black el payaso , porque cuando era pequeña a mi padre nunca le dió por ponerla demasiado en casa, y luego a mi me dió por grabar cassetes para el coche y grababa los dúos y cuartetos cómicos de esta zarzuela que en aquella epoca yo con 10 años era lo único que me gustaba.. pero no ha sido hasta que tenía 18 años y estaba en Pamplona cuando uná tarde en la biblioteca estudiando matemáticas se me ocurrio ponerme a escuchar black el payaso entera... y me encantó , sencillamente , me pareció muy innovadora y hermosa a la vez.


Música de Pablo Sorozabal se estrenó en Barcelona en 1942.Dividida en Prólogo y 3 actos , la acción se situa en Paris en un teatro de variedades y luego en Orsonia , un país imaginario.


Primero nos encontramos en el Teatro Alhambra, en el cual actúan BLACK AND WHITE, "los payasos más serios del mundo".
Los artistas saludan desde la escena al público imaginario y dan principio a su actuación. Transcurrido un rato, apa­rece en uno de los palcos proscénicos la Princesa Sofía de Suevia, la Condesa de Saratov y el Barón de Orsava. Al ver a la Princesa, Black queda como deslumbrado e interrumpe su labor para contemplarla, con gran desconcierto de su compañe­ro que trata de disimular como puede ante el público la actitud de Black.
Tras unas breves palabras entre ellos, Black pide a White que anuncie al público que va a tocar la "Melodía de la estepa" en lugar de "Obertura futurista" programada. Mientras toca el violín, se va acercando lentamente hacia el palco ocupado por la Princesa.
Luego deja de tocar y entona una bella can­ción. La Princesa al oírla fija su atención en el payaso y poniéndose en pie muy alterada pide que hagan callar a ese hombre. Sufre un desmayo, con el consiguiente revuelo, y sus acompañantes la sacan del palco.
La acción se traslada a un saloncito de la aristocrática mansión que la Princesa Sofía ocupa en París en compañía de su her­mana la Gran Duquesa Catalina Feodorovna. Un redactor de "Le Journal", Marat. acude a pedir información sobre los suce­sos de la noche anterior en el Teatro Alhambra. Sofía sigue indispuesta y su hermana, mujer alegre y bella, informa al repor­tero que los dos payasos son de Suevia, de donde las dos Princesas y gente de su séquito lograron escapar tras la revolución.
Al ver a sus compatriotas, Sofía experimentó una gran emoción. Catalina, no exenta de coquetería, relata algunas incidencias de su huida, dando lugar a un chispeante duelo cómico con Marat.
Aparecen después Sofía y el viejo Barón de Orsava. Entonces nos enteramos de que la princesa ha pedido a Black que la visi­te aquella misma tarde. Según confiesa el Barón, la "Melodía de la estepa" fue compuesta para ella por su prometido el Gran Duque Daniel de Orsonia, del que nada ha vuelto a saber.
Como solo el Duque podía conocer aquella música, Sofía sospe­cha que Black es el mismo Daniel, que se hace pasar por payaso. De ahí su emoción cuando creyó reconocerle al escuchar esa música.
Llega por fin Black y al quedarse solo con la Princesa, ésta intenta hacerle confesar que es el Duque Daniel. Black, que está realmente enamorado de la Princesa, se resiste, pero al final acaba por aceptar el amor que ella le ofrece, sin que lleguemos a conocer cuál es en realidad su verdadera y misteriosa personalidad.
Cuando Black y Sofía están abrazados, tras un apasio­nado dúo, entra White, quien, dándose cuenta de la situación, trata de sacar partido de la feliz confusión. Convencida Sofía de que Black es Daniel, el Rey de Orsonia, le insta para que vuelva a su reino, cosa que, una vez aquietada la revolución, no parece difícil.
Nos hallamos ahora en el Palacio Real de San Telmo, capital de Orsonia, en el despacho del Rey Daniel I. Aparecen las Princesas y su séquito, con damas de la corte de Orsonia, mujeres y hombres del pueblo, militares y caballeros de la Corte. Todos rinden pleitesía al Rey -Black-, que permanece indeciso y con cierta timidez.
El Rey, y especialmente su primer ministro Tarnevitz -White-, han resultado ser dos grandes estadistas y el pueblo se muestra satisfecho. Catalina quiere preparar con toda dignidad y solemnidad la boda de Sofía y Daniel, según los cánones que constan en el "Cronicón de actos y cere­moniales del Gran Ducado de Orsonia". Cuando todos desaparecen, Black -Daniel- confiesa al fin, en un soliloquio cómo la fuerza del amor ha tenido la virtud de convertir a un payaso en un Rey. Sale Black y aparecen Catalina, la Condesa, el periodista Marat y el Barón.
Una vez desaparecidos los cuatro personajes anteriores, entran en escena dos visitantes a los que el Rey ha concedido audiencia.
Se trata del pianista Dupont y de Zinenko. Este último fue guardabosques de una finca propiedad del Gran Duque Daniel.
El viejo está lleno de recuerdos sentimentales sobre el actual Rey. Incluso le enseñó una canción "Adiós a la siega". Entra Black que, aunque recibe cariñosamente a Zinenko, no le reconoce, como es natural, causando un gran desconsuelo en el antiguo guardabosques.
Quedan solos Dupont y Black. A las primeras palabras se observa que aquél conoce íntima­mente las particularidades del palacio. Incluso haciendo jugar los tableros del escritorio, pone al descubierto un escondite automático secreto de la pared.
Ante el asombro de Black, Dupont declara al fin que él mismo es Daniel Estebanoff Príncipe de Orsonia, y que el deseo del Emperador de casarle con Sofía, estando él enamorado de otra mujer, fue lo que le indujo a abandonar su patria. Black, digna y honradamente, pone a su disposición el trono, pero no es esto lo que le interesa al ver­dadero Daniel, que vive feliz con su mujer y su hijo, sino sencillamente conocer al hombre que ha usurpado su nombre. A continuación Black descubre su
verdadera personalidad. Es Alejo Ivanich, hijo del orfebre real, el que realizó la plancha de oro en la que iba esmaltada la "Melodía de la estepa". Enamorado de la bella y para él inaccesible Princesa, aprendió la melo­día en su violín. Aparece ésta en el despacho y Dupont se retira, ofreciendo tocar el piano en la fiesta de aquella noche. Sofía ríe ante la bohemia figura del pianista sin sospechar su auténtica identidad.
Black, decidido a explicar la verdad de todo, queda desolado al comprender que a quien ama Sofía en él, no es a Black el payaso, Sino al Príncipe de Orsonia.
Se ha hecho de noche. La fiesta está terminando en el salón contiguo. Dupont, seguido de Zinenko, entra en el despacho para descansar después de su concierto. Zinenko sigue desconsolado porque el Rey no le ha reconocido. Daniel, enterne­cido, le hace ver que la etiqueta no consiente al Rey mostrarle su afecto. En prueba de ello, canta al anciano la canción "Adiós a la siega", simulando que se la ha enseñado el mismo Rey.
Aparecen después los invitados que van retirándose poco a poco, dejando solos a Sofía y Black. Éste, decidido a todo, explica claramente a Sofía que no es el Príncipe Daniel sino Black el payaso y que por amor, y no por ambición, se dejó llevar ante el error de ella. Sofía horrorizada, le rechaza violentamente y huye sollozando. Black avisa a White, le pone en antecedentes de que todo ha sido descubierto y que, por tanto, deben huir y volver a su vida de payasos. Mientras Black marcha a vestirse, White,
previendo algaradas revolucionarias aquella noche, llama por teléfono a Jefatura para que la guardia de palacio esté prevenida.
Vuelve Black, de paisano, y cuando los dos amigos van a marcharse oyen acercarse cantando a los revolucionarios. Inmediatamente aparece Sofía sobrecogida y después entra Dupont. Haciéndose cargo rápidamente de la situación Black ordena a los dos que se escondan, accionando la puer­ta secreta. Luego se retira con White. Se acerca la turba e irrumpe con violencia en el despacho, quedándose de una pieza y en silencio cuando ven aparecer, tras las cortinas, a Black y White, vestidos de payasos.
Éstos reproducen su cómica esce­na del principio y, pese a la furia del capitán de los revolucionarios, éstos se paralizan y ríen con las gracias de ambos artis­tas, dando así tiempo para que lleguen los cosacos que ha previsto White.
Una vez salvada la vida de la mujer que ama, Black se despide tristemente. Sale con White para volver a cambiarse de traje, y entretanto, Dupont y Sofía deciden no dejarles marchar. Cuando regresan y Dupont le pide que se quede, Black se niega alegando que él no es el Rey, pero Dupont le calla diciendo que "si alguien le exigía probar su soberanía, bien lo ha demos­trado hoy". Sofía le ruega también que se quede, confesándole que es a él y no a Daniel a quien ama. Black acepta por fin, mientras la multitud jubilosa les vitorea desde el exterior.